| VILLAESCUSA DE PALOSITOS | Villaescusa, vergüenza nacional |
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| Martes, 30 de Octubre de 2007 00:00 |
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La emisión en Telecinco de un reportaje en el que se relata la surrealista prohibición a los antiguos vecinos de Villaescusa de Palositos de un derecho tan sagrado como el de honrar a sus muertos con ocasión de la festividad de Todos los Santos devuelve a la actualidad unos hechos que no sólo deberían generar vergüenza en Guadalajara, sino también en Castilla-La Mancha y en toda España. Ante la pasividad de las administraciones provincial, regional y nacional, un cacique del siglo XXI, un empresario de esos que se pasan la ley por el forro de sus millones, ha convertido todo un pueblo alcarreño -incluida la iglesia, el ayuntamiento, las calles, el cementerio y alguna casa que queda en pie- en su coto privado. Con chulería, y a veces con la incomprensible ayuda de la Guardia Civil, ha colocado puertas en caminos públicos y no deja pasar a nadie a lugares que son de propiedad municipal, del Obispado o de alguno de sus antiguos moradores. Tiene que haber alguna fórmula, alternativa a la actual de los brazos cruzados, para restituir la legalidad y el sentido común en Villaescusa de Palositos. En primer lugar, la Subdelegación del Gobierno debería actuar inmediatamente para que se respete el tránsito por los caminos públicos. No puede ser que en el año 2007, en esta Unión Europea de libre flujo de personas, se esté impidiendo la circulación por vías que no son privadas y que incluso se llegue a vedar a algunos ciudadanos el acceso a sus propiedades, por no hablar de la indefensión en que se hallan el Obispado y el Ayuntamiento de Peralveche al arrebatárseles la iglesia y el edificio consistorial. En segundo lugar, es necesario que actúe la Junta de Castilla-La Mancha. Al parecer, la Consejería de Medio Ambiente -¡ay, Guijarro; ay, Egido!- tiene derechos que no ha hecho valer. Llegado el caso, el actual presidente regional siempre puede hacer lo que su antecesor con los pinares del Ducado de Medinaceli, que alcanzó un acuerdo económico con la Unión Resinera para cedérselos a los ayuntamientos. No creo que sea tan difícil, por las buenas o por las malas, recuperar, si es que alguna vez se perdió, la propiedad sobre el casco urbano de Villaescusa de Palositos. No pueden prevalecer los argumentos del cacique: eso de que es suyo porque lleva cuarenta años abandonado. También Recópolis y Numancia fueron abandonadas hace siglos, y nadie se planteó convertir sus ruinas en un coto de caza. Y en tercer lugar, debemos ser los ciudadanos los que nos movilicemos por éste tipo de causas aparentemente perdidas. Debemos ser sus paisanos los que no miremos para otro lado y por fin nos solidaricemos con la gente de Villaescusa, de Torronteras y de tantos pueblos que quedaron despoblados, no por capricho de sus vecinos, sino porque les obligaron a ello: porque cerraron la escuela y el consultorio, no hicieron carreteras, no hicieron nada... Bueno, sí hicieron algo: echar a los habitantes y permitir que los señoritos camparan a sus anchas. Ahora que se habla tanto de Memoria, hay que luchar contra la desmemoria de los sórdidos sesentas y setentas. Derribar las vallas de Villaescusa de Palositos es tanto como derribar las vallas de la injusticia, es tanto como derribar las miserias de una provincia que, como mínimo, debería sentir vergüenza de sí misma. Debería sentir vergüenza de esta auténtica vergüenza nacional.
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