Canción A Desalambrar, por Paco Chiapas, Rosa Villalón, Ángel Molina y Los Makis
| VALLE DE ALCUDIA | La Venta de la Inés, gafada, gafada |
| Noticias General |
| Domingo, 01 de Marzo de 2009 00:00 |
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Mientras uno se espanta de cosas como el pandemónium montado en torno a la Caja de Castilla-La Mancha, del juego que unos y otros se traen con ella, de la delicada situación por la que atraviesa, de los ataques, hasta personales, que por su culpa se están cruzando entre dirigentes políticos y empresariales... o del rechazo de Francia e Italia a que España entre, de lleno, en el G8, apostando nuestros hermanos europeos por otros países -¿se enterará ZP algún siglo de estos de la importancia de las relaciones internacionales?- como más idóneos, advierte que la vida da la razón a los refranes. 'Mande Franco o mande el comunismo, los que barren las calles siempre son los mismos', reza uno muy en boga antes y durante la transición y aún hoy. Y ello, el refrán y todo lo que conlleva, no supone sino la constatación de que siempre habrá privilegios y privilegiados. Al caso. Durante toda nuestra historia, las grandes fortunas, las grandes familias, los grandes terratenientes, han tenido privilegios intocables, o casi intocables, que inexplicablemente, en casos concretaos y sangrantes, conservan. Hace años, con el franquismo y luego con la democracia, había en Ciudad Real un latifundio, el segundo en extensión entonces, que pisoteaba los derechos de gentes que, o bien querían usar caminos públicos que atravesaban la enorme finca o acceder a viviendas que poseían en un viejo poblado minero. Hablo, y conozco el tema muy bien, de los tiempos en que Unión Explosivos Río Tinto era propietaria de la finca La Garganta. Su presidente de entonces, Leopoldo Calvo Sotelo, no fue sensible a los derechos de las gentes, unos cientos al año, que querían hacer uso de lo público y de lo suyo. Luego, con la llegada de la Fundación Duque de Baviera a la propiedad de la finca, la cosa cambió y una permuta de terrenos entre el Ayuntamiento de Almodóvar y la Fundación solucionó, al parecer de la mejor manera, el asunto y hoy, que se sepa, no hay contencioso alguno entre la finca y los usuarios del camino de Conquista y los propietarios de viviendas en Minas del Horcajo. Una fundación alemana fue más sensible que todo el sistema español. Antes y durante la democracia.
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