| MALLORCA | Es Fangar, paradigma de la lucha por el derecho de paso |
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La problemática del cierre de caminos públicos es relativamente nueva en Mallorca, una isla que históricamente ha respetado el derecho de paso por la propiedad privada a través de una infinidad de senderos rurales que conectaban posesiones y localidades. La venta masiva de propiedades a extranjeros en los años 90 y la progresiva parcelación de la foravila han modificado la estructura territorial mallorquina y fomentado una confusión sobre la propiedad de un sinfín de rutas históricas, muchas de ellas borradas físicamente del mapa, que ha sido aprovechada por propietarios para instalar barreras en caminos utilizados desde tiempos inmemoriales. El fenómeno del cierre de caminos públicos ha provocado una importante reacción social que se ha avanzado a la lenta Administración en la defensa de los derechos comunes. Se han constituido plataformas que investigan concienzudamente la documentación histórica para demostrar a las instituciones y a la Justicia la titularidad pública de muchos de los caminos cerrados y exigir, con pruebas en la mano, su apertura. El caso de los caminos de Es Fangar, en Manacor, es el paradigma de la lucha por el derecho de paso. Tras siete años de reivindicaciones, la plataforma Pro Camins Públics i Oberts ha llegado a un acuerdo con el propietario alemán que ha significado la reapertura de los numerosos caminos de la finca para el disfrute ciudadano. Es una batalla ganada, pero la guerra sigue. Todavía quedan cientos de caminos públicos cerrados a cal y canto en toda la isla. Sólo en Manacor, se calcula que hay unas 50 rutas barradas. En Pollença, al menos 30 caminos siguen privatizados. Uno de ellos, el camí de Ternelles, es otro caso emblemático que acumula sentencias favorables a la reapertura que son contestadas mediante recursos por la propiedad, la familia March, que eternizan el proceso. La reciente incorporación del camino al catálogo de rutas públicas de Pollença no ha bastado para romper las cadenas que sujetan la barrera. La carretera vieja de Lluc a Pollença, donde se centró la protesta de ayer, tampoco presenta dudas sobre su titularidad pública. Sin embargo, varias fincas mantienen las barreras firmes.
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